martes, 2 de agosto de 2011

Esta vez decido yo... Poesías desde el encierro


Los viernes termino de trabajar tarde, a la madrugada. Llego a casa y con el resto, con lo que subsiste en mí, consagro lo que queda de la jornada a tomar unos amargos y a pasar revista de las lecturas que me esperan. Sobre la mesa de paño verde, cubierta con un mantel transparente descubro un libro que perdí en la vorágine de la semana. La noche calma invita al desvelo, este no es un libro que se encuentre en cualquier librería, es un libro especial, de esos que escasean entre tantos y tantos que se repiten una y otra y otra vez.
Esta vez decido yo es una obra de poesía escrita desde una cárcel por una mujer lúcida que encuentra en la palabra la posibilidad re-dimensionar el espacio-tiempo, de construir significados que anestesian el daño irreparable que propician el encierro, la impotencia, la injusticia de la justicia… palabras que se vuelven salidas de emergencia, poemas transformados en tumbas abiertas… admirada poetisa, en medio de esta noche oscura, el silencio atronador de tu existencia me ha quitado el sueño… y pienso.
                                                         Este libro despabila el pensamiento.



Título: Esta vez decido yo… Poesías desde el encierro.
Autora: Olga Guzmán
Editorial: América Libre
Librería donde se consigue: Mil Grullas, Malabia 1968 (Barrio de Palermo).

miércoles, 15 de junio de 2011

L'extase materielle


Detrás de esas murallas, en esas otras ciudades, todavía no he nacido. El silencio anterior al nacimiento me rodea por todas partes y me oprime.  ¿Cómo hubiera podido no ser? ¿Cómo hubiera podido estar aquí y no allí?  Pero el universo es infalible: con o sin mí, es minucioso, no le falta nada.
J.M.G. Le Clézio – El éxtasis Material


    El audio que a continuación pongo a disposición del lector, contiene algunos fragmentos de la obra "El éxtasis material" de Jean-Marie Gustav Le Clézio, escogidos por mí con motivo de la amable invitación que me hizo Natu Poblet a participar de su programa radial Leer es un placer el pasado 27 de mayo. La lectura puntual es del periodista y locutor Carlos Clérici.
   Agradezco también el delicadísimo gusto de mi hermano Sebastián por su colaboración en la musicalización eligiendo a Ravel y Miles Davis para darle un escenario increíble al texto por demás complejo.

Espero puedan apreciarlo y compartirlo.









Título:  El éxtasis Material  (Gallimard, 1967)
Autor:  Jean-Marie Gustav Le Clézio (Niza, 1940)
Traducción: Juana Bignozzi  (Buenos Aires, 1937)
Editorial:  Adriana Hidalgo 2010




viernes, 20 de mayo de 2011

Hemidesatención


“La señora S., una mujer inteligente de sesenta años, ha sufrido un grave ataque que afecta a las partes posteriores y más profundas del hemisferio cerebral derecho. Conserva plenamente la inteligencia… y el humor. (. . .) La señora S ha perdido totalmente la noción de izquierda, tanto lo que se refiere al mundo como a su propio cuerpo. Se queja a veces de que las raciones son demasiado pequeñas, pero esto se debe a que solo come de la mitad derecha del plato, no cae en la cuenta de que puede haber también una mitad izquierda. A veces se pinta los labios y se maquilla la mitad derecha de la cara, olvidándose por completo de la izquierda.
            Este problema se llama Hemidesatención, lo cual implica un olvido unilateral, en el caso de la Señora S ha dejado de existir el hemiespacio izquierdo. Ella lo sabe intelectualmente y puede comprenderlo y reírse; pero le es imposible saberlo a partir de una forma directa. Al saberlo intelectualmente, al saberlo por deducción, ha elaborado estrategias para resolverlo. No puede mirar a la izquierda directamente, no puede girar a la izquierda, así que lo que hace es girar a la derecha… y hacer un círculo completo. (…) Este procedimiento le parece notablemente práctico si no puede hallar el café o el postre. (…) En principio da la impresión de que le sería muchísimo más fácil girar el plato que girarse ella. La señora S está de acuerdo con eso, y lo ha intentado, o intentó intentarlo, por lo menos. Pero le resulta absurdamente difícil, no es algo que se produzca de modo natural, mientras que girar en la silla lo es, porque su mirada, la atención, los impulsos y movimientos espontáneos, están así dirigidos todos, exclusiva e instintivamente hacia la derecha.”

Fragmentos de un caso clínico extraído del libro de Oliver Sacks: EL HOMBRE QUE CONFUNDIO A SU MUJER CON UN SOMBRERO

Mientras leía esta historia clínica en el subte no podía evitar pensar que algo parecido a lo que sucede neurológicamente en la señora S, sobreviene en el plano ideológico/político en la humanidad: su mirada, su atención, sus impulsos y movimientos espontáneos, están dirigidos exclusiva e instintivamente hacia la derecha. Puedo entender los síntomas de la Señora S puesto que tienen causalidad con el daño cerebral que sufrió, pero me resulta incomprensible la tendencia social a la derecha, en vez de limitar su accionar y hacer progresar la justicia y la igualdad.




EL HOMBRE QUE CONFUNDIO A SU MUJER CON UN SOMBRERO

Autor: Oliver Sacks
Editorial Anagrama 2010  
De la traducción, José Manuel Álvarez Flórez (2002) 

viernes, 13 de mayo de 2011

El Marinero Perdido


El Marinero Perdido
UN CASO DE AMNESIA

                   

       La guerra, la puta guerra. Aún recuerdo tan viva aquella noche en que salí de casa entusiasta y lleno de jodido patriotismo. En el fondo estaba cagado en las patas. Las noticias que recibíamos del frente eran alentadoras, pero la verdad es que para los que estábamos en América la guerra era una horrible incertidumbre. El teléfono sonó insistentemente; atendí luego de la tercera llamada y con un vaso de whisky en la mano (hecho sumamente extraordinario por aquel entonces). La voz de un secretario general de rango intermedio de la Marina de los Estados Unidos reclutaba mis servicios de intérprete del Código Morse en el submarino USS Bowfin. Era invierno y me acuerdo haber aguantado mares en la garganta para no romper en llanto cuando me despedí de mi vieja. Se me hizo tarde y todo; tuve que correr por la maldita calle con las lágrimas congeladas en las mejillas. Y al final cuando llegué al centro de reclutamiento de Connecticut resulta que era el único y que a la mañana siguiente un micro me llevaría a New Haven, desde donde subiría a bordo del Bowfin y partiría hacia los mares del Japón. Corría el año ´44 y yo tenía tan solo dieciocho años, un pibe.
      La guerra me pasó en un suspiro, había estado bajo el mar eras geológicas, el tiempo no existía; me la pasaba descifrando mensajes enemigos. No había día o noche, solo largas jornadas de trabajo, y ahogarme en licor para poder dormir. Subíamos a la superficie con cierta asiduidad pero estábamos bastante aislados de lo que sucedía en la guerra real. Al final, cuando ya habíamos matado a todos los que había que matar, pagándolo con la vida de todos los que tenían que morir, volví a Estados Unidos sin haber visto una gota de sangre. Un micro me dejó en el centro de reclutamiento de Connecticut y de ahí me fui a mi casa a ver a mi vieja de quien no sabía nada hacía dos años. Me acuerdo que compré un ramo de flores y a medida que me acercaba a casa podía oler el exquisito pie de manzana que me solía hornear mi madre. Yo estaba vestido de uniforme luciendo mis dos medallas de honor y la gente me saludaba por las calles como se saluda a un verdadero héroe. Cuando llegué me encontré con un cartel de venta en el Porche y una carta que la vecina -Miss Rosemary- había recibido de mi hermano Richard quien se había ido a vivir a Oregon con su pareja. Mi madre había muerto. Era invierno y sentí la misma desolación que la noche de mi partida, las lágrimas se me congelaban quedándose pegadas en mis mejillas y salí corriendo otra vez en la misma dirección, refugiándome en el único escondite que conocía: la marina. Esta vez no era tarde. Esa noche oscura y fría me encerré en el primer hotel que encontré y bebí para olvidarme de todo.
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      El caso del Marinero Perdido que describe el Neurólogo Oliver Sacks, cuenta la historia de Jimmie G, un hombre que es ingresado a la clínica neoyorkina donde Sacks trabajaba hacia 1975. Jimmie fue admitido en el área de la residencia de ancianos con una críptica nota de traslado  que decía: “Desvalido, demente, confuso y desorientado”. No obstante, la mañana en que el Dr. Sacks recibió a Jimmie en su consultorio, este le causó una impresión de salud, alegría y cordialidad. En el transcurso de la entrevista, Jimmie compartía su autobiografía abiertamente y se mostraba muy cooperativo. Al recordar, al revivir, se mostraba lleno de entusiasmo; no parecía hablar de pasado sino de presente. El cambio de tiempo verbal en sus recuerdos (cuando pasó de sus días escolares a su período en la Marina) sorprendió mucho a Sacks. Había estado utilizando el tiempo pasado, pero luego utilizaba el presente, no un presente formal o ficticio del recuerdo, sino el presente real de la experiencia inmediata. 
 Se apoderó de mí una sospecha súbita, improbable.
- ¿En qué año estamos, señor G..? –pregunté, ocultando mi perplejidad con una actitud despreocupada.
- En cuál vamos a estar…, en el cuarenta y cinco. ¿Por qué me lo pregunta? –Luego continuó-: Hemos ganado la guerra, Roosevelt ha muerto, Truman está al timón. Nos aguarda un gran futuro.
-Y usted Jimmie ¿qué edad tiene?
Su actitud era extraña, insegura, vaciló un instante, parecía estar haciendo cálculos.
-Bueno, creo que diecinueve doctor, los próximos que cumpla serán veinte.
Al mirar a aquel hombre de pelo canoso que tenía ante mí, empujé hacia él un espejo.
-Mírese al espejo y dígame lo que ve. ¿Es ese que lo mira desde el espejo un muchacho de diecinueve años?
Palideció de pronto, se aferró a los dos lados de la silla.
-Dios santo –cuchicheó-. Dios mío, ¿qué es lo que pasa?¿Qué me ha sucedido? ¿Será una pesadilla?¿Estoy loco?
-No se preocupe Jimmie –dije tranquilizándolo-. Es solo un error. No hay porque preocuparse. ¡Venga!
Lo llevé junto a la ventana.
-¿Verdad que es un maravilloso día de primavera?
Recuperó el color y empezó a sonreír y yo me escabullí llevándome aquel espejo odioso.
Volví dos minutos después, Jimmie aún seguía junto a la ventana. Se volvió cuando abrí la puerta y su expresión era alegre.
-¡Hola Doctor! ¡Bonita mañana!

El diagnóstico presuntivo que determinó el Dr. Sacks fue Síndrome de Korsakov, idea que fue reforzada luego del desagradable informe del Belleveu Hospital, fechado en 1971, que decía que el paciente se hallaba “totalmente desorientado… con un síndrome cerebral orgánico avanzado, debido al alcohol”. (Se le había diagnosticado por entonces Cirrosis). En opinión de su hermano, los problemas comenzaron cuando abandonó la Marina en 1965, pero la verdad es que Jimmie ya bebía en exceso desde el final de la guerra y la Marina solo le ofrecía un marco. A partir de ahí empezó a desmoronarse y a beber sin control. Sus manifestaciones clínicas: una amnesia anterógrada (falta de capacidad de almacenamiento de nuevos recuerdos en la memoria a largo plazo) muy aguda.

 El Marinero Perdido es el segundo -cuento/historia clínica- del libro “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, del neurólogo norteamericano Oliver Sacks (1985), quien con generosidad y talento comparte sus conocimientos y experiencias  que varían entre los campos extensos de la salud, la filosofía y el arte. 

Editorial Anagrama 2010  
De la traducción, José Manuel Álvarez Flórez (2002) 

(Fuente de la fotografía de "tapa" y la música: del blog Vapores Deliciosos de Atenas Vila muy recomendado!)




martes, 3 de mayo de 2011

La sexualidad petrificada

“Somos admitidos al conocimiento de un placer cuya noción está entremezclada de misterio el cual expresa la prohibición que determina el placer, al tiempo que lo condena. En todas partes y desde las época más antiguas nuestra actividad sexual está obligada al secreto y aparece como contraria a nuestra  dignidad. La esencia del erotismo se da en la asociación inextricable del placer sexual con lo prohibido.”
                                                          GEORGE BATAILLE - LA PARADOJA DE LA PROHIBICIÓN GENERALIZADA,
                                                                       QUIZÁ NO DE LA SEXUALIDAD, PERO SÍ DE LA LIBERTAD SEXUAL.



 El escritor ensayista Norberto Chaves nos introduce a pensar el complejo universo de la sexualidad plasmando una profunda impronta  de su experiencia, sus impresiones y reflexiones, analizando el discurso que se sitúa entre el espacio que media entre sexualidad e ideología sexual, logrando establecer las relaciones determinantes entre pulsión erótica y sus significados y sanciones sociales. 

Los primeros estupores eróticos, al aflorar,  pueden no coincidir con las fantasías del sujeto emergente, pues en los albores de la pubertad los significados sociales del deseo esperan al acecho la aparición de los primeros significantes y los escasos instantes de clandestinidad inicial no dan tiempo a que el deseo construya su propio sentido: el deseo nace prácticamente marcado por lo social y esa marca la llevará de por vida. 
Su libro La Homosexualidad Imaginada es un manifiesto contra la petrificación de la sexualidad, o sea, contra su masacre. Su búsqueda apuntada al comprender, mas que al saber, no pretende explicar un fenómeno objetivo ni polemizar con un rival sino liberar al sujeto aportándole armas a un aliado (que no es una “comunidad homosexual” sino el lector interesado por la problemática de la sexualidad).
             En el núcleo de nuestra concepción de la identidad sexual se localiza una auténtica fijación en el puro hecho de la igualdad o la diferencia de los órganos sexuales y la completa desatención de la experiencia sexual propiamente dicha que incluyo un amplio repertorio de zonas erógenas que son filiables como masculinas o femeninas y un universo imaginario prácticamente infinito. Una concepción de la identidad sexual que se centra en la jerarquización del sexo del partenaire como dato identificador, no reconoce diferencia alguna entre sexo y sexualidad. Encubre la realidad de que sexos hay dos; pero sexualidad, una sola; está presente por igual en todos los seres humanos, cualquiera fuera su sexo, su práctica sexual predilecta y adopta formas de expresión prácticamente infinitas.
Hablar de sexualidad implica poner en evidencia la propia ideología y desenmascarar sin más la de los demás; y como es habitual cuando hablamos de ideales, nos encontramos con dos tendencias más o menos definidas: las que apelan por la libertad y las que no (que incluyen a los que levantan la bandera de la dictadura de manifiesto y a los que apelan por la libertad en pos del engaño para acuartelarla en obediencia).
Según Freud la gente asocia lo sexual a lo indecente, como aquello que no debe hablarse entre personas correctas, o sea, lo sexual está reprimido esencialmente en la palabra. Cien años después, el sexo sigue enrolado por el prejuicio.
             Con la lectura de este libro, los invito a preguntarse por el origen de aquella sanción social, pues detrás de toda traumatología sexual es imposible disimular la dinámica de aquella indecencia socialmente imperante y operante en la constitución de la subjetividad, pues la indecencia (obstáculo ideológico principal entre el goce, el placer sexual) se aloja en el inconciente. Las palabras se contagian en la sanción que recae en las acciones. El deseo homosexual (yo diría deseo no heterosexual) provocará entonces más trabajo de represión, más energía orientada a evitar que la convención social fracase en su misión..

 La sexualidad humana es una experiencia trágica, así como la vida misma. El universo real de la sexualidad ocupa la zona de lo innombrable y posee un reflejo distorsionado en el cristal del lenguaje.

Un individuo es una complejísima e irrepetible combinatoria de rasgos (biológicos, psicológicos y sociales) entre los cuales los caracteres femeninos y masculinos coexisten manifestándose con distinto predominio que varia según la persona en lo particular así como su experiencia vital en una comunidad. Pero en nuestra sociedad, masculinidad y feminidad están soldadas a la heterosexualidad. Se instituye explícitamente e implanta que el hombre es hombre y la mujer mujer en tanto desean a alguien del sexo opuesto. Así, la diversidad sexualidad (analizado desde la homosexualidad por el autor) aparece como mensajera de la discordia entre sexualidad y sociedad.




LA HOMOSEXUALIDAD IMAGINADA
Vigencia Y Ocaso De Un Tabú

Norberto Chaves (Argentina, 1942)
Ed. Maia (Madrid).

martes, 15 de marzo de 2011

1984 – Nineteen eighty-four


Todo lector aficionado a los clásicos de la literatura tiene una larga lista de libros pendientes, excitantes títulos que quisiera cortejar, apellidos de autores imponentes de la talla de Celine, Mann o Chejov que esperan su turno en el acaecer de las lecturas de la vida. También existe otra lista en donde ponemos los títulos y los autores que quisiéramos leer si tuviéramos todo el tiempo del mundo, una lista más larga que la anterior, contenedora de los libros que no planeamos leer, los hemos relegado al estatus de libros deseables, posibles aunque improbables, al menos para los próximos años… En esta segunda lista, me esperaba 1984 de George Orwell, al menos hasta que apareció como bibliografía obligatoria de una materia que aún no empecé a cursar en la facultad. “Hay siempre un momento en que la curiosidad es pecado, y el demonio ayuda siempre los progresos de la inteligencia.”  Anatole François Thibault

Y allí me encontraba una tarde de verano de 2011, con el libro en la mano y desprevenido de la opresión en la que me sumergía… sin saber qué pensar, me arrojé con imprudencia hacia el año 1984.
1984 es el futuro, de hecho, es un futuro lejano aún… Este libro fue escrito por George Orwell en el año 1949, por lo cual 1984 era una fecha distante. El hedor aún humeante de la segunda guerra mundial y la imposición política de dos modelos despóticos fueron el escenario en el cual germinó esta obra de la Ciencia Ficción. De acuerdo a la infinidad de acontecimientos (imposibles de adjetivar) sucedidos en tan solo 35 años (entre 1914 y 1949), parece más que lógico que el autor de esta historia se haya proyectado en el tiempo tan solo 35 años (de 1949 a 1984) para plasmar en su novela una hipótesis de un mundo ulterior, organizado en 3 mega-Estados totalitarios y dictatoriales. La percepción del tiempo, tanto para Orwell (nacido en 1903) como para sus contemporáneos, permitía imaginar una realidad más allá del fin del humanismo y que esta suposición no parezca exagerada. De todos modos, más que una predicción apócrifa, considero que la conceptualización que propone Orwell es solo un tanto prematura. Hoy a 27 años de 1984 podemos entender la magnitud de las profecías de George Orwell.
Considero que la elección del género ´Ciencia Ficción´ tiene dos campos posibles, aunque ambos comparten el hecho de que su trama se funda en la narración imaginaria de realidades “que no pueden darse en el mundo que conocemos, debido a una transformación del escenario narrativo, basado en una alteración de coordenadas científicas, espaciales, temporales, sociales o descriptivas, pero de tal modo que lo relatado es aceptable como especulación racional.” Eduardo Gallego y Guillem Sánchez  En uno, el énfasis está puesto en la construcción, en la creatividad, en el punto límite de lo imaginario, en la frontera entre la verosimilitud y lo descabellado. En el otro el énfasis está puesto en el ejercicio de la creatividad al servicio del vaticinio, es poner la literatura al servicio del análisis de la realidad ampliando el campo de lo posible, apelando al pensamiento crítico del lector y a sus propias predicciones. De la tierra a la luna de Julio Verne anticipa con exactitud (100 años antes) la conquista del espacio y la llegada a la luna, H.G.Wells en su libro la máquina del tiempo proyecta el futuro remoto de nuestra especie. Aldous Huxley, en un mundo feliz  analiza el impacto que los fármacos como instrumento de dominación, así como también los efectos del consumo como condición para la pertenencia en la sociedad. No me olvido de maestros a los cuales no he podido leer aún como Ray Bradbury o Isaac Asimov.
            1984 es una novela futurista que describe un mundo que se constituye tras una quimérica Revolución Socialista en el mundo de habla inglesa, con propósitos muy distintos a los representado por el pensamiento de Marx y Engels. El planeta tierra queda dividido en tres mega-Estados: Oceanía (donde transcurre la historia,  abarca todo el Continente Americano, las Islas Británicas, Australia, algunas de las islas del Pacífico Sur y África del Sur), Eurasia y Asia Oriental. 
 
Estos tres Estados siempre están en guerra, el lema del Partido que ejerce el control en Oceanía (el Ingsoc ´Socialismo Inglés´) es:

  • La guerra es la paz

  • La libertad es la esclavitud

  • La ignorancia es la fuerza


Hay un hecho que es de total trascendencia en la trama y en la visión del devenir del mundo para el autor, Oceanía está constituida por dos grupos sociales: los proles (que son los marginados de la sociedad, literalmente no pertenecen) y los partidarios del Ingsoc (ellos solo se constituyen en conjunto y su afición es la obediencia, no existe la individualidad ni lo subjetivo). No hay Conflicto entre estos dos estratos de la población, no se mezclan. Los partidarios son esbirros y obedecen a un salvador/dictador que es el Gran Hermano, en todos lados hay tele pantallas que observan y emiten mensajes alienantes, pertenecer implica la obediencia total, el autocontrol total, incluso, el control del pensamiento. Cualquier desliz de este estrecho mundo de posibilidades es alta traición a los ideales del partido y es condenado con la desaparición (lo cual supone la tortura y la muerte). Los proles están desplazados, viven en los márgenes de las ciudades, y son el desecho de una época que no sobrevivirá más que unas cuantas generaciones.
            En este nuevo orden, resulta imprescindible la imposición de una variable que posibilite el autocontrol del pensamiento, esta variable –dice Orwell– será la modificación del lenguaje, con una eliminación progresiva del vocabulario y un cambio importante tanto en la gramática como en la conformación lingüística. La incidencia de la eliminación de la escritura (por un tecnológico dispositivo llamado hablaescribe)  tendrá una imperante consecuencia en los procesos cognitivos así como la falta de recursos semióticos resultará aquello que termine por debilitar a una humanidad pronta a perder su característica más importante: la capacidad de construir e intercambiar significados.

Aventurarse a la lectura de 1984 es un acto de valentía, es permitirse la posibilidad de observar la realidad con una lente distinta y ver el presente inmediato como un fracaso del cual la humanidad ya fue advertida. Adentrarse en el espacio-tiempo de Orwell es comprender la capacidad de dominio que ejercen las empresas y los gobiernos sobre los pueblos, es aceptar que vivimos en una época donde ser consumidor es condición necesaria para ser ciudadano, donde el valor en lo cotidiano se funda en la posesión de dispositivos tecnológicos que poseen múltiples propósitos, siendo los más importantes la vigilancia y el control. Vivimos en una época donde la manipulación de la información es tal que la verdad no se funda en estatutos éticos u ónticos, sino en el oportunismo de unos pocos.., los dueños de las tierras, los medios de producción y comunicación que son los mismos que determinan la ley, los que manipulan la historia, los que imponen un sistema educativo alienante y muchos etcs…  1984 nos permite comprender por qué la auto-explotación, la auto-alienación, la auto-vigilancia y la pérdida del otro como valor autoconstitutivo determinan el fin de la cortísima era de la subjetividad.






Título: 1984  (Londres, 1949)
Autor: George Orwell (India 1903 - Inglaterra 1950)
Editorial:  Booket, 2010

sábado, 12 de febrero de 2011

La soledad en la intemperie de la literatura

                                            O Bratleby el escribiente.


      Era una de esas tardes de febrero lluviosa y gris. Me encontraba en la librería de pie, estático, apoyado en el marco de la puerta viendo con sosiego la cortina de agua que caía incesante sobre la ciudad. Era una de esas tardes en las que recibo la bendición de que ni el teléfono suene. Conforme con la atmósfera de saudade y la recompensa del ocio, me preparé un té, puse música de Billie Holliday “Solitude” y me dispuse a ordenar una pila de libros que tengo particularmente separada detrás de mi escritorio y etiquetada como libros  pendientes, entre ellos Danza Macabra de Agust Strindberg y El éxtasis material de Le Clezio. 
 Cuantos me conocen en las labores de mi oficio, saben que soy un hombre aficionado al orden, lo cual no significa que mis aficiones sean siempre exitosas. Sin embargo, la ordenación que proponía era más mental que material, lo cual tampoco significa que mentalmente sea más ordenado que en lo material. En fin, puse la pila de libros sobre el escritorio y comencé a pasear entre ellos con curiosidad y compostura, pues en mi casa tenía más títulos que esperaban una revisión similar. Inesperadamente, encontré con agrado un título que no recordaba haber puesto allí. Se trataba de una edición bilingüe del libro Bartleby del escritor estadounidense Herman Melville. Pero no fue hasta abrirlo que tomé conciencia de la joya que tenía conmigo. Al introducirme en él, descubrí que era una versión prologada y traducida por Jorge Luís Borges. No había acabado el té cuando me vi sumergido entrañablemente en la historia.

   “Mis tareas de escribano, buscador de títulos y redactor de documentos recónditos de toda clase aumentaron considerablemente con mi nombramiento de agregado de la suprema corte. Ahora había mucho trabajo para el que no bastaban mis escribientes y requerí entonces un nuevo empleado.
   En contestación a mi aviso, un joven inmóvil apareció una mañana en mi oficina; la puerta estaba abierta, pues era verano. Reveo esa figura: ¡pálidamente pulcra, lamentablemente decente, incurablemente desolada! Era Bartleby.”

    Bartleby el escribiente, es una historia que sucede en la ciudad de Nueva York en el año 1856. El narrador, un hombre de cierta edad, se presenta sereno, prudente, metódico y eminentemente seguro de sí mismo. Poseedor de una escribanía en Wall Street y un buen pasar económico un buen día, a causa del aumento de trabajo decide contratar a un nuevo escribiente, Bartleby se presenta para tomar el cargo disponible.
   A lo largo del cuento, se desarrolla entre estos dos personajes, el escribano y el amanuense, un vínculo extraordinario, el patrón indulgente se encuentra en el enigma moral de no poder deshacerse de un dependiente asalariado que se le revela de la manera más tozuda llevándolo a los límites de la cordura y la prudencia. Bartleby es sin duda un hombre de preferencias . El escribano es un hombre de razón que se permite explorar sus propias contradicciones hasta las costas más inesperadas, hasta territorios en donde la ética y la filantropía no confluyen necesariamente.
   Este cuento, originalmente publicado en un libro llamado The Piazza Tales, relata un fragmento de la vida de un hombre solitario y abandonado por una sociedad que se estremece al verse reflejada en él y en encontrar en este humano la posibilidad de una isla.    

 


  
Título: Bartleby el escibiente
Autor: Herman Melville (Nueva York 1819 - 1891)
Traductor: Jorge Luis Borges
Editorial Serapis